01 abril 2011

El problema del lenguaje para la formulación de objetivos


La determinación del carácter abierto y flexible de los objetivos de enseñanza no agota su caracterización en una nueva conceptualización de este componente del proceso de enseñanza. En particular, en nuestra concepción resulta de gran importancia el contenido de su formulación, el tipo de lenguaje que en ella se  utiliza.

De acuerdo con la teoría de la actividad en la formulación del objetivo debe expresarse su vínculo con la actividad a realizar en relación con su objeto de asimilación o transformación. Esta exigencia vincula al objetivo con el contenido de la actividad y en consecuencia con el contenido de la enseñanza. Es decir, los problemas o tareas que se propongan al estudiante deben estar estrechamente vinculados con el conocimiento que se aspira que logren. De esto depende en gran medida el éxito de la enseñanza.

La necesidad de vincular el objetivo con la actividad a realizar por el estudiante exige su formulación en términos de acciones o tareas a resolver por el estudiante.

En la pedagogía por objetivos, por su carácter específico y programado, la tarea que debe realizar el estudiante se reduce en muchos casos a la mera apropiación de procedimientos y algoritmos previamente formalizados y preparados por el profesor que conducen a una actividad meramente reproductiva en la que fundamentalmente participan procesos de memoria (fijación, retención, reconocimiento y otros).


En contraste, esta nueva forma de formulación, por su carácter generalizado, permite una mayor apertura, más posibilidades de adaptación a situaciones concretas, a ulteriores precisiones, teniendo en cuenta intereses de los estudiantes o particularidades del grupo, lo cual se ajusta a nuestra concepción del aprendizaje como proceso activo, creador y transformador de la  propia personalidad del estudiante, a su condición de sujeto activo de su aprendizaje.


Para la formulación de los objetivos es necesario también partir del nivel de entrada de los alumnos. Para su determinación es necesario la aplicación de pruebas diagnósticas de conocimientos y habilidades generales y específicas que constituyen requisitos  previos de los objetivos a lograr o del conocimiento nuevo de las asignaturas.

Aunque se deduce de lo anteriormente expuesto, es necesario precisar que en esta concepción cambia también el lenguaje en que se formulan los objetivos. Si bien tradicionalmente el objetivo se formulaba de una forma muy descriptiva, ahora se formula en términos de acciones productivas, intelectuales a realizar por el estudiante. Esto permite no sólo una mayor objetividad en la formulación sino también una mayor posibilidad de que pueda desempeñar la función de guía que le corresponde en el proceso de enseñanza. Además de que se facilita su instrumentación en el proceso, se posibilita su valoración durante y al final del proceso, cuando aspiramos como profesores a retroalimentarnos sobre los resultados logrados y a retroalimentar al estudiante sobre el desarrollo alcanzado.

Para garantizar una formulación correcta de los objetivos estos además deben ser:

Comprensibles -  que exista claridad en su redacción, que se comprenda claramente lo que se espera lograr.

Viables -  que puedan lograrse teniendo en cuenta las  restricciones normales del proceso, o sea las limitantes en  tiempo, la base material de estudio, el nivel de entrada de los estudiantes y las posibilidades reales de superar las  insuficiencias que ellos tienen en los requisitos previos. Esto no quiere decir que no sean susceptibles de modificación y ajuste en relación con los intereses de los estudiantes o   con las condicionantes que impone su propia realización a la práctica de la enseñanza.

Susceptibles de ser valorados - deben contener los indicadores de calidad que permiten su ulterior valoración.

Los objetivos de enseñanza deben contener los componentes siguientes:

1- Definición de la acción a realizar por el estudiante con los contenidos a asimilar.

2- Definición de las condiciones en que el alumno debe realizar la acción.

3- Determinación de las características o indicadores cualitativos que debe tener la acción a formar.         

Cuando se tienen en cuenta todos estos requisitos resulta en consecuencia una notable reducción y generalización de los objetivos a lograr. Por ejemplo, en el sistema didáctico para la enseñanza de la Química General, I. Beltrán logró compactar los objetivos de la asignatura, inicialmente trece a los siete siguientes:

A modo de ilustración de la forma diferente en que ellos se formulan, exponemos ejemplos aún en elaboración, extraídos de algunos de los objetivos formulados en los trabajos de per¬feccionamiento de programas docentes efectuados en nuestro país por profesores de la educación superior.

Algebra Lineal

- Resolver sistemas de ecuaciones lineales empleando los métodos de Gauss, Cramer y utilizando la matriz inversa de la matriz del sistema.

- Calcular los valores y vectores propios, base propia y matriz.

En Física I

- Aplicar el análisis de los fenómenos electrolíticos al  cálculo de la capacitancia en capacitores de alta simetría.

- Identificar los rasgos esenciales de la interacción electromagnética en diferentes tipos de fenómenos.


En resumen, para proceder a formular los objetivos el profesor debe:

1- Partir de una caracterización de la estructura de acciones generales componentes de la actividad del profesional a cuya formación tributa su asignatura.

2- Analizar y delimitar la función que tiene su asignatura en la formación de dicho profesional. Determinar si tiene o no salida al perfil profesional.

3- Analizar y determinar la función que tiene su asignatura con otras del plan de estudio de las cuales es precedente. Tomar en cuenta los conocimientos requeridos en estas  asignaturas.

4- Tomar en consideración el nivel de entrada de los estudiantes.

5- Tener en cuenta las restricciones del sistema (limitantes  de tiempo, de base material de estudio y otras).

6- Determinar las tareas o acciones mas generales que el aspira que el estudiante realice aplicando los conocimientos que su asignatura le brinda.

7- Partiendo de los dos tipos posibles de salida de su asignatura, del nivel de entrada, así como de las restricciones del sistema, formular estos resultados a lograr en términos de  acciones, con las características y componentes de un objetivo docente.

A partir de esta estructura de acciones de los objetivos generales formular, mediante un proceso de descomposición de las acciones componentes, los objetivos mas específicos en cada tema.(programa analítico) y clase (programa guía).

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Apuntes y Tips de Pedagogía EducativaContenido extraido de material de Colectivo de Autores - CEPES - La Habana - UAJMS